En tan sólo un instante, un palpitar, he recorrido el mundo entero.
He palpado los suburbios de mi mente, vagando así por mis eternos rincones anímicos, cual muñeca de trapo. Sin rumbo alguno, sin espíritu, sin pasos firmes. La brisa me ha ladeado y no he vuelto atrás, mas miedos y recuerdos me atormentan con pequeñas instancias de cúmulos casi vacíos de silencio. He permanecido etérea frente a la tormenta, la lluvia caía y yo formaba parte de ella. Sumida en el letargo del alma, he acariciado el limbo desde nimbos altos como el cielo. Encerrada en mi frágil meteoro crucé los mares, serena, deambulando en busca de un ángel caído que vele por mí, como no he sabido hacerlo yo. Trencé mi piel con mis prejuicios hasta hacerlos reales, me condené por un delito que nunca cometí. Nunca cupo lugar en mi ser para remordimientos o indulgencias. Ni un sólo segundo para retractarme o rehacer mis desdichas.
Purgué en mi era de condena; claudiqué y yací en penitencia, escondida de miradas sombrías, tras mefistofélicas sentencias del más oscuro inframundo. Tolerando su lacerante ponzoña bajo mi fuero más íntimo.
Vaporicé mi existencia y mudé en esencia. Con el paso del tiempo desvanezco, hasta mi último día seré infinitamente evanescente. Temblorosa ante mis miedos, ante el pasado que nunca podré ahuyentar. Endeble frente al viento que me mece. Intentando redimir mis pasos y penándolos con más de cien años de súbito invierno, desazón y dolor. Suscitándome lesiones y heridas por crímenes que quizá nunca consumaré. Pero seguiré bailando sobre la débil inestabilidad de la cuerda que rige y orienta el cauce de mi amargo destino.
Siempre, Hache.
martes, 25 de octubre de 2011
sábado, 8 de octubre de 2011
domingo, 25 de septiembre de 2011
Nubes grises, tormentas azules.

Los días pasan y las nubes abandonan su lugar. Ahora la soledad es mi mejor compañía. La noche se hace sobre mi y así soy feliz. Podría decirse que el destino me ha enseñado a luchar y el tiempo a salir adelante. No sé si soy especial, no sé si es cierto que floto en la inmensidad del mar, o de mi propio interior. Las palabras de la guitarra suenan en mi corazón y consigo entender su significado. Mis pasos silenciosos persisten a la tormenta, cae la lluvia y yo sigo andando. Cualquier fría circunstancia puede pararme, pero no quiero hacerlo. Sigo sin pensar en el pasado, el futuro a penas consigue preocuparme y el presente es efímero, tanto que transcurren los segundos sin darme tiempo a darle vueltas. No me siento perdida, siento que he renacido y no echo de menos la brisa que me despertaba al amanecer de aquellos días junto a él. Dicen que cada rosa tiene su espina, dicen que cada día sale el sol. Y yo ahora me pregunto si mi existencia tiene un por qué, si perderé algún día mi miedo a amar, si conseguiré compartir algún día mi soledad con alguien más especial de lo que él fue, o de lo que lo soy yo. Etapas, así es como las llaman... Quizás he cambiado y ahora me aguarda un futuro completamente diferente, quién sabe si el amor se alza incandescente en mi camino, quizás desconfíe de ahora en adelante de todos los dulces cowboys que me canten una canción triste, incluso de aquel que ya me haya cantado antes... Nunca llegaré a descifrar mi destino y hasta entonces seguiré andando, esperando respuestas de las chispeantes y evanescentes gotas de lluvia que caerán de las nubes que siempre se van.
Hache.
sábado, 27 de agosto de 2011
El monstruo de Frankenstein.
No dejo de pensar. Las nubes no dejan de moverse, sin embargo yo me quedo estática mirándolas. Tan sólo soy una persona encerrada en mi propio mundo. Mi corazón late lentamente, así como se consume el cigarrillo entre mis dedos, desnudos. Miro a mi alrededor y no dejo de ver máscaras que se mueven de un lado a otro, con rumbo, o sin él ¿Qué más da? No creo que sea importante el hecho de retenerse en un camino que te guíe hasta tu destino. Un destino desconocido, escondido tras la neblina de los días que aún están por llegar. Mientras, el viento te susurra ironías como " de los errores se aprende", "pronto se hace tarde", "nunca es tarde", "nunca digas nunca" o "después de la tormenta llega la calma".
Mi mayor error fue esperar a que amainase la tormenta, quedarme estática, pensar que algún día acabaría todo, tocar fondo y no perder la esperanza. ¿Cómo he llegado hasta aquí? Fueron las cinco palabras que me preguntaba todas las interminables noches de insomnio mientras la lluvia acechaba mi ventana y los relámpagos mi serenidad. Y ahora recuerdo frágiles momentos de lamentos inválidos, lisiados por la falta de todo aquello que había perdido. Cuatro paredes y una salida. Encerrada entre miles de mariposas que me recordaban que para llegar al cielo hay que tocar fondo. Para rozar las estrellas tengo que poner los pies en el suelo y luego seguir adelante.
Sigo adelante con el rostro descubierto, expuesta a cualquier desgraciado que quiera volver a hundirme en la miseria, escondido tras una máscara de confusión y desolación, Dios sabrá por qué. Sigo andando, pero no sigo mi camino, no quiero llegar a mi destino. No quiero tener escrito mi final. Sólo quiero vivir intensamente cada momento de mi existencia, quizás efímera, quizás sublime, quién sabe. Y nada ni nadie conseguirá volver a pararme, pues la tormenta no amainará nunca, simplemente tengo que formar parte de ella, acostumbrarme. La vida es un vaivén de colores, sensaciones y circunstancias. Seguiré lentamente mis pasos hacia el horizonte, donde pueda ver el sol. Sin rumbo alguno, guiarme por aquello que los ojos no pueden ver. Improvisar cada segundo de mis días. No esperar sentada, no esperar a nada ni a nadie y cuando tenga miedo no saldré corriendo, no cambiaré mi dirección, sólo lucharé contra las adversidades hasta sumirme en el letargo mortal. No voy a rendirme, esta vez no, esta vez no cerraré los ojos entre lágrimas y letanías. Esta vez volaré lejos del recuerdo y hilaré mis hebras en el mañana. En un mañana tentador y suculento, que poco a poco se alimentará de mi alma y respirar, hasta dejarme descansar en paz y criar malvas en una tumba poco profunda. La historia de mi vida.
Hache.
miércoles, 3 de agosto de 2011
He encontrado mi código.
Las palabras se caen.
¿Alguna vez te has preguntado cuál fue el propósito de tu existencia? Vives tus días sin pensar en el más allá, sin pensar para qué has nacido, la razón de tu respirar. Te reencarnas mil veces en seres que como tú, que buscan su propósito y nunca lo encuentran. Te paseas por los senderos del mundo buscando respuestas, palabras que se caen, un motivo para olvidarte de este sin vivir.
Soy libre, he encontrado mi código, mi propósito. Me he encontrado a mi misma. Mi propósito siempre fue el haberte conocido. Conocer al amor de mi vida, poder rozar el cielo a tu lado. He encontrado mi sueño, he llegado a ser la princesa de un cuento de hadas, he logrado ver las estrellas de cerca y balancearme en la luna una noche de inmensidad. Por eso, preferiría morir mañana que vivir cien años sin haberte conocido.
¿Alguna vez te has preguntado cuál fue el propósito de tu existencia? Vives tus días sin pensar en el más allá, sin pensar para qué has nacido, la razón de tu respirar. Te reencarnas mil veces en seres que como tú, que buscan su propósito y nunca lo encuentran. Te paseas por los senderos del mundo buscando respuestas, palabras que se caen, un motivo para olvidarte de este sin vivir.
Soy libre, he encontrado mi código, mi propósito. Me he encontrado a mi misma. Mi propósito siempre fue el haberte conocido. Conocer al amor de mi vida, poder rozar el cielo a tu lado. He encontrado mi sueño, he llegado a ser la princesa de un cuento de hadas, he logrado ver las estrellas de cerca y balancearme en la luna una noche de inmensidad. Por eso, preferiría morir mañana que vivir cien años sin haberte conocido.
sábado, 30 de julio de 2011
Buenas noches
Me arde todo el cuerpo, escamoso. El recuerdo de tus brazos arropando mi piel, húmeda y perdida en la inmensidad del tiempo. Tengo heridas ponzoñosas de odio y dolor. El alcohol es ahora mi único amigo, el único que de verdad es capaz de hacerme feliz. De hacerme olvidar. Olvidar toda mi vida.
He muerto. De hoy hace ya 18 días. Ahora espero en el limbo, donde mi sangre se derrama y mi yo se desvela. Triste y herida. Llena de llagas, quemada. Quemada por la intensidad de la explosión que se llevó mi último suspiro.
Te daba lo mismo echar la cerilla ¿No es así? Como sabías que tu no ibas a morir en la explosión, te dio lo mismo ¿verdad? ¿Acaso pensaste por un momento que la persona a la que estabas matando estaba irrevocablemente enamorada de ti? ¿Ahora da lo mismo? Tell me what's wrong with society.
Me has roto el puto corazón... cabrón.
He muerto. De hoy hace ya 18 días. Ahora espero en el limbo, donde mi sangre se derrama y mi yo se desvela. Triste y herida. Llena de llagas, quemada. Quemada por la intensidad de la explosión que se llevó mi último suspiro.
Te daba lo mismo echar la cerilla ¿No es así? Como sabías que tu no ibas a morir en la explosión, te dio lo mismo ¿verdad? ¿Acaso pensaste por un momento que la persona a la que estabas matando estaba irrevocablemente enamorada de ti? ¿Ahora da lo mismo? Tell me what's wrong with society.
Me has roto el puto corazón... cabrón.
domingo, 24 de julio de 2011
Flor de Jazmín.

El espíritu del agua, la princesa de hielo. La dueña de mis alas.
Soy mariposas, soy el ángel de mis propias pesadillas.
La soledad de mi compañía, soy el monstruo de mi destino.
Soy la Santa Muerte, soy la sombra de mi pizpireta sonrisa.
Estoy hecha de palabras sin sentido, de lagunas del ayer.
Mis hebras son melodías del tiempo y mi piel el retrato de mis recuerdos.
Soy maestra de las aguas y domino las técnicas sagradas de la nación del Agua.
El viento se filtra en mi cuerpo y las mariposas vuelan sin rumbo alguno, dejándome tan sólo con mi espíritu. Cual princesa en su esplendor me congelo en lo días del ayer, mientras las mariposas vuelan hacia un futuro no muy lejano, donde depositarán una parte de mí allá a donde el viento las guíe.
Yo soy el espíritu del agua, hija de la luna y del mar.
El Ying y el Yang.
Hache.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Pequeño gorrión.

Nada puede cambiar el destino. Por mucho que grite, por mucho que resista, nada me llevará a otro lugar lejos de aquí. La luz me está buscando y nada impedirá que me vaya con ella.
¿Puedes ver el mundo desde mis ojos? Poco a poco se desvanece. Déjame pedirte ayuda. Te echaré de menos. Deja de llorar.
Nada, nada, nada...
Far Away.
sábado, 14 de mayo de 2011
Cartas de un lobo a un cazador.

Pequeño gorrión, sumido en tus humildes suplicas y letanía. Duermes infeliz en tu celda, deseando batir tus alas y echar a volar, ansioso por tocar el sol que rindes por tu ambición. Tiendes a vivir en una burda espiral de bramidos y espectros insaciables. Miras a tu alrededor y ves el silencio de un armazón, formado por los barrotes de una vida infeliz y la sombra de tu propia soledad.
Avistas, artero, la salida de tu cárcel y diseñas tu fuga, sutil. Deseoso por agitar tus alas, pequeño gorrión, sin meditarlo dos veces, te golpeas contra la agridulce realidad y echas a volar. Al entreabrir tus ojos hundidos en lágrimas, despiertas entre las magulladas y agudas garras de un astuto gato. Con un sólo mordisco hila tus hebras entre sus colmillos y te devuelve al más sublime dolor de tus entrañas, expuestas a la corriente del entorno, frío y lluvioso. Sangre carmesina se vierte entre el letárgico descansar de tus ojos mortecinos.
¿No te das cuenta demente? El gato posee tus ojos avernos en esta quimera. Odias, escribes sin pensar. El afecto de tus días se tiñe con la tinta de tu rencor. Ardes en tu ira como inflamable gas que en un momento se sublimó. Gato indomable ¿Acaso crees que eres salvaje? Deja de herir a aquellos que te dieron cobijo bajo sus alas. Olvida tus instintos letales de asesino y no seas la víctima de tus impulsos de montero. Nunca ejecutes a quienes te dieron la vida. Por que aun que te lo diga el viento, ellos nunca te van a fallar, tan sólo tú mismo te estás fusilando sobre el papel.
El cazador nunca gana la partida aun por tener todas las cabezas de sus presas colgadas en la pared, pues al saciar su hambre, se condena a vivir solo el resto de su vida.
El Lobo.
domingo, 23 de enero de 2011
Círculos de agua.

Esperando mi barco, sigo sentado en el muelle. La madera gastada se hace dulce a mi tacto, suave. A más de mil millas de cualquier vida posible, mi única compañera ahora es la oscuridad. La soledad se ha hecho la mejor melodía a mis oídos, ya que el viento dejó de soplar. Un sublime rayo de luz azul me ilumina, no es el sol, quizás sea la luna. Las estrellas se reflejan en el agua, frágiles y solemnes, como diminutos diamantes escondidos en la arena de las más solitarias profundidades. No hay despertar, pues las olas no han bailado aún, tan solo dibujados los interminables círculos de agua que esbozan mis lágrimas al estallar contra el mar. Mis días de batalla han terminado junto al rumor del oleaje. Hace mucho que dejé de contar el tiempo. Hace tan sólo un momento, me dejé llevar por la marea.
Palabras incompletas navegan por mi mente. Mis ojos avistan mi pasado en el rompeolas, a punto de estallar contra las rocas y esfumarse. Cuatro proyectiles destruyeron mi cuerpo en mi último día de vida. Mis latidos se ahogaron conmigo en las aguas de la inmensidad del océano donde luchábamos por no morir y regresar, regresar al lugar al que pertenezco.
Hay tantas preguntas sin respuesta ahora. Mi piel se ha teñido de un blanco mortecino y mis labios, púrpuras como el veneno. Todo mi mundo se ha cristalizado, se ha disipado entre la niebla de la marisma, mi navío me ha abandonado, como el recuerdo de tu olor. Aún sueño contigo, princesa, nunca he logrado olvidarme de tu perfume salino e indomable. Cual sirena te veo llegar a mi orilla todos los días. Te posas en las rocas y dejas que el viento haga volar tu tierno cantar. Tu melena, dulce ondina, castaña e isleña se agita con la brisa sacudiendo sutilmente tu rostro marfileño. Besadme bizarros labios carmesinos.
Sublime beso de tus labios, sirena, que levanta la llovizna de la tormenta lejana y desvanece tu silueta lentamente para devolverme las manillas de esta mustia penitencia, que me hace amarte y dejarte marchar. Mis días de neptúneo mareaje terminaron, y con ellos mis días sin ti.
Perdóname si no vuelvo a buscarte amor, la marea nunca baja y siempre me acallará la armonía de este frío muelle. Y si te preguntas, cuándo volverás a verme, pronto lo sabremos: ya estamos suficientemente cerca para hablar, aún que no puedas oírme siempre te estaré esperando en las aguas de la eternidad. Nunca dejaré de escribirte.
La pluma vuelve a su tintero, el mensaje a su botella y ella zarpa hacia donde quiera que tú estés.
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