Vendí mi alma al mejor postor por merecer a quien fue poseedor de mi corazón. Nunca supe si fui la mejor, nunca supe si fui real. Caí en las sombras, ardí en el infierno y purgué tres mil años por ser quien soy. Ahora no sé quien soy. Lava, cenizas, respiré de la explosión y renací del cráter. Los cristales del viento congelaron mi cuerpo y lo estropearon, cubriendo de hielo el lúgubre hueco que un día ocupó mi corazón. Creé un monstruo de mí misma, una mezcla de fuego, agua, hielo, aire y tierra; una especie de titán inmortal de mi ser marchito. Qué soy, qué he sido? Siempre he creído en bizarras irrealidades, pesadillas indecisas. He malvivido en la penumbra de mi real y fantasioso subconsciente, encadenada a su ficción, encerrada en su mazmorra. No sé qué se mueve, no sé qué permanece intacto. Nada es real. No soy real, no eres real.
Nunca sabré si te merezco.
Me duelen tus ojos, llorosos.
Hache.