domingo, 25 de septiembre de 2011

Nubes grises, tormentas azules.


Los días pasan y las nubes abandonan su lugar. Ahora la soledad es mi mejor compañía. La noche se hace sobre mi y así soy feliz. Podría decirse que el destino me ha enseñado a luchar y el tiempo a salir adelante. No sé si soy especial, no sé si es cierto que floto en la inmensidad del mar, o de mi propio interior. Las palabras de la guitarra suenan en mi corazón y consigo entender su significado. Mis pasos silenciosos persisten a la tormenta, cae la lluvia y yo sigo andando. Cualquier fría circunstancia puede pararme, pero no quiero hacerlo. Sigo sin pensar en el pasado, el futuro a penas consigue preocuparme y el presente es efímero, tanto que transcurren los segundos sin darme tiempo a darle vueltas. No me siento perdida, siento que he renacido y no echo de menos la brisa que me despertaba al amanecer de aquellos días junto a él. Dicen que cada rosa tiene su espina, dicen que cada día sale el sol. Y yo ahora me pregunto si mi existencia tiene un por qué, si perderé algún día mi miedo a amar, si conseguiré compartir algún día mi soledad con alguien más especial de lo que él fue, o de lo que lo soy yo. Etapas, así es como las llaman... Quizás he cambiado y ahora me aguarda un futuro completamente diferente, quién sabe si el amor se alza incandescente en mi camino, quizás desconfíe de ahora en adelante de todos los dulces cowboys que me canten una canción triste, incluso de aquel que ya me haya cantado antes... Nunca llegaré a descifrar mi destino y hasta entonces seguiré andando, esperando respuestas de las chispeantes y evanescentes gotas de lluvia que caerán de las nubes que siempre se van.

Hache.