Las nubes se alzan grises frente un horizonte azul. En lo alto del árbol espero sentada, espero a que la brisa helada me despierte de nuevo. Trayendo con ella la tierna imagen de tu recuerdo. Solitario y deshojado, me arropa como si ahora fuera mi único hogar. Desde su inmenso ramaje, veo inerte y etérea una intensa vida de silencios y miradas que nacieron de un impulso visceral. Siempre apartada de cualquier remoto vaivén, de una fugaz conversación, del tiempo de la realidad, encerrada en mi calma, en mis pensamientos, en mi mundo fantasioso. Como solías hacerlo tú.
Pasan los días intranquilos, el dulce aroma del frío invierno, el sabor de la nieve en mi piel. Mientras yo sigo inmóvil y solemne en mi más alta torre, presa en mis sueños, presa en lo sublime que fue vivir a tu lado. Aprender de tus pasos, ser tu sombra, ponerme tus zapatos y pretender salvar el mundo como lo hacías tú. Recuerdo las caricias, el vergonzoso amago que te impulsaba a secarme las lágrimas, todas tus palabras de apoyo y confianza, las despedidas. Siempre hemos sido personas de pocas palabras, nunca han hecho falta, nuestro silencio siempre lo ha dicho todo, siempre hubo luz entre nosotros, la luz más perfecta e invencible del mundo, un amor perfecto, harmonía.
Cae la lluvia y no dejo de pensar en el daño que te ha hecho mi dolor. Siento tanto haber permitido que la distancia se apodere de nosotros dos. Siento tanto haber elidido un abrazo con mi silencio, haber escondido un te quiero en una mirada temblorosa, siento haberte dicho adiós y no "te echaré de menos". Siento haber sido fría como el viento y herir con ello tu tierno corazón. Aun no concibo el día en que me faltes tú, mi héroe. Y en cualquiera de mis siete vidas, yo te juro que aun en silencio, siempre seré tuya, tu niña. Aquel recuerdo de tu chica desordenada e imperfecta, como lo fuiste tú. La imagen perdida en el tiempo de tu alma imperecedera, tu legado.
No mueras nunca, eterno guerrero. Vive Dios, que cual soldado lucharé por no perder nunca tu último suspiro, por no perder tu recuerdo. Perderé mi vida por no dejarte morir, daré humilde alma por robar la tuya del reino de los cielos y poder decirte por última vez lo mucho que te quiero. Lo mucho que te necesito.