
Esperando mi barco, sigo sentado en el muelle. La madera gastada se hace dulce a mi tacto, suave. A más de mil millas de cualquier vida posible, mi única compañera ahora es la oscuridad. La soledad se ha hecho la mejor melodía a mis oídos, ya que el viento dejó de soplar. Un sublime rayo de luz azul me ilumina, no es el sol, quizás sea la luna. Las estrellas se reflejan en el agua, frágiles y solemnes, como diminutos diamantes escondidos en la arena de las más solitarias profundidades. No hay despertar, pues las olas no han bailado aún, tan solo dibujados los interminables círculos de agua que esbozan mis lágrimas al estallar contra el mar. Mis días de batalla han terminado junto al rumor del oleaje. Hace mucho que dejé de contar el tiempo. Hace tan sólo un momento, me dejé llevar por la marea.
Palabras incompletas navegan por mi mente. Mis ojos avistan mi pasado en el rompeolas, a punto de estallar contra las rocas y esfumarse. Cuatro proyectiles destruyeron mi cuerpo en mi último día de vida. Mis latidos se ahogaron conmigo en las aguas de la inmensidad del océano donde luchábamos por no morir y regresar, regresar al lugar al que pertenezco.
Hay tantas preguntas sin respuesta ahora. Mi piel se ha teñido de un blanco mortecino y mis labios, púrpuras como el veneno. Todo mi mundo se ha cristalizado, se ha disipado entre la niebla de la marisma, mi navío me ha abandonado, como el recuerdo de tu olor. Aún sueño contigo, princesa, nunca he logrado olvidarme de tu perfume salino e indomable. Cual sirena te veo llegar a mi orilla todos los días. Te posas en las rocas y dejas que el viento haga volar tu tierno cantar. Tu melena, dulce ondina, castaña e isleña se agita con la brisa sacudiendo sutilmente tu rostro marfileño. Besadme bizarros labios carmesinos.
Sublime beso de tus labios, sirena, que levanta la llovizna de la tormenta lejana y desvanece tu silueta lentamente para devolverme las manillas de esta mustia penitencia, que me hace amarte y dejarte marchar. Mis días de neptúneo mareaje terminaron, y con ellos mis días sin ti.
Perdóname si no vuelvo a buscarte amor, la marea nunca baja y siempre me acallará la armonía de este frío muelle. Y si te preguntas, cuándo volverás a verme, pronto lo sabremos: ya estamos suficientemente cerca para hablar, aún que no puedas oírme siempre te estaré esperando en las aguas de la eternidad. Nunca dejaré de escribirte.
La pluma vuelve a su tintero, el mensaje a su botella y ella zarpa hacia donde quiera que tú estés.
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