sábado, 7 de agosto de 2010

ojos de cristal.


Mi frío cuerpo yace florido en las secuelas de un bosque, perdido en este eterno universo. Miro al cielo y siento caer dulces lágrimas del viento, que sin querer me despiertan de este cálido sueño. Mis ojos se cristalizan con el tiempo y me fuerzan a observar mi alrededor. Un bosque bañado por el sol, quemando sin querer mi marmórea piel. Y ahí, justo en frente de mí, estas tú, esperando a arroparme entre tus brazos, como solía ser. Volver, al fin, a ver tus ojos dulcemente vidriados. Tu pelo suavemente despeinado. Volver a ver de nuevo la serenidad de tu luz. Tu piel, morena bajo los diminutos rayos de sol, que se filtran entre las hojas de los árboles. Intento acercarme a ti, pero mis débiles piernas no logran sostenerme y me devuelven al suelo. Alzo la mirada y sigues ahí, esperándome a mí. Esperando a que sofoque esta agonía y llegué hasta ti, para salvarnos de mi destino, para que juntos podamos creer que voy a salvarme. La manzana cae del árbol y me sume en la sombra del manzano, sintiendo como su sangre se congela. Una tierna brisa florece de las más lejanas entrañas del bosque y levanta lentamente mi cuerpo bañado en el rocío. Entonces, me duermo en mi más profunda pesadilla.
Y me duele vagar por las dunas de las dudas, sin rumbos, sin respuestas. Me duele pensar que segundo a segundo, rompo un poco más tu triste corazón. Esclerosis Múltiple. Un intenso dolor que nace de las vísceras de mi alma, que fluye por mis venas, siento que pierdo el equilibrio. Mis ojos no dejan de sangrar. ¿Qué se supone que tengo que hacer, esperar a que ahílen flores sobre mi piel? ¿Esperar a dormirme en las brumas del tiempo? Las últimas gotas de cordura que conservaba se pierden en mi más sublime amargura. Polvo eres y en polvo te convertirás. Vuelven sobre nosotros las nubes oscuras, la sirena de las inmensidades, para romper las orquillas de espuma. Despierta, mi vida, porque hoy lloverán cristales.
La ebria brisa me levanta del suelo. El sol ilumina tu rostro, ansioso de tenerme entre tus brazos, mi cuerpo ya se ha dormido. Impelo mi valor por un instante, para rozar al fin el placer de tocar tus manos. Tus brazos rodean mi cuerpo agotado, y le dan el calor que necesita. Agárrame fuerte, mi amor, no puedo tenerme en pie. Siento el aguardiente correr por todo mi cuerpo, quemando con el más intenso fuego mi ser. Me desvanezco. Despierto un solo segundo y observo la escarcha que se adormece en tus ojos, sabiendo el final de esta canción. Me voy: los últimos pasos, la puerta final del delirio, no quiero oírte llorar. ¡Y báñate en mis ojos! Que se joda el mar, que quiera mecerte a su antojo. No dejes que el oleaje te lleve con él hacia el abismo. Deja que el viento te enseñe sus colores.


Pensaba que siempre estarías ahí esperando por mí...

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