sábado, 7 de agosto de 2010

Alter Ego


Esa otra persona que a mí se enfrenta. Cara a cara, sus ojos me desarman. Su rostro manchado, no deja de llorar, no deja de gritar. Ansiedad. El mío se muestra tristemente vacío, inexpresivo, languidece lentamente, frío, muerto. Su voz canta cual Banshee en este silencio sepulcral, sus llantos y lamentos aúllan bajo la pálida luz de la sombra enemiga del astro rey, sus sollozos me susurran una melodiosa canción desesperada por morir, por acabar de una vez con esta odiosa agonía. Yo tan solo observo la batalla de la desesperación, observo como ella lucha por acabar con su vida, como intenta desatar sus manos que yacen atadas con gruesas cuerdas a una silla de madera. Dicen que cuando la rabia se apodera de todo tu cuerpo, cuando no te deja respirar, cuando tiñe tus ojos de oscuridad, solo se trata de tristeza vestida de furia, de engaño, conflicto, ceguera. Nos ciega. La tristeza que inunda su corazón de sangre le ciega. La furiosa tristeza que invade su tranquilidad le venda los ojos con engaño. Y todo su ser muere, delante de mí. Una parte de mí está muriendo. Mi alter ego expira y yo no puedo hacer nada. La desesperación no me deja vivir, no me deja ver más allá que mi propia muerte, ahora ella controla mi destino. Lo peor de todo es que la persona que escribe este breve texto es un pobre sacrificio colgando de un hilo entre la vida y el adiós. Una extraña mezcla entre yo y mi otro yo. Un pequeño híbrido marginado por la soledad, por la mismísima frialdad. Una persona impedida de mente, demente. Un gran bloque de desavenencias y confusión me impiden pensar. Cada vez me es más difícil llegar a la ecuación de esta ansiedad, al interior de esta sensación de culpabilidad. ¿Es eso de verdad amor? Una fusión de consecuencias, de circunstancias. Temo ahora a que la casualidad se convierta en una tremenda ola de causalidad. Temo al hecho de no poder pensar en el presente, temo a tener la libertad de cometer trivialidades. Odio no poder darme cuenta de que el dolor me lo da la decadencia. Pero no puedo hacer otra cosa que pensar que todo esto quizás solo sea otra realidad cruelmente tergiversada.


Perdóname, tras este burdo intento de demostrarte lo que siento por ti, tienes que saber que luché mucho contra mi fuero interno por quererte ,por recuperar de nuevo mi corazón y poder dártelo a ti:

Sus pasos se desvanecen en la niebla mientras yace mi corazón en el filo de lo más alto de aquel oscuro edificio. Imagina mis fuerzas, mis frágiles brazos, subiendo contra el viento ese alto edificio. Una vez llego arriba, lo cojo y me dejo caer. Y tus brazos me agarran justo antes de que mi cuerpo toque el suelo, mi salvación. Y entonces, te lo di...


Hache De.

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