domingo, 22 de marzo de 2009

Recuerdos.


Abro los ojos. Sigues a mi lado, justo al otro lado de la cama. Se hace dulce, se hace eterno y suave verte dormir. Puede pasar el tiempo que yo no me movería, seguiría junto a ti el resto de mis días. Es tan tranquilo tu respirar, tan frágil, temo despertarte con un parpadeo. Tu cuerpo, estirado junto al mío, frío pero cálido al mismo tiempo. A penas un hilo de luz entra por la ventana, alumbra tu pelo, largo y desordenado. Mientras te miro, recuerdo. Recuerdo momentos que aún nos quedan por vivir. Te veo junto a mi en cualquier lugar, te veo junto a mi en el fin del mundo, te veo junto a mi hoy y mañana. Veo tu mano agarrada a la mía en cualquier calle de cualquier ciudad del mundo, cerca o lejos del mar. Nos veo a los dos, mirando de noche las estrellas brillar, mirando de día las nubes pasar, me veo mirando en tus ojos las sombras del ayer, te veo mirando en mis ojos el amanecer del mañana. Podríamos hacer tantas cosas juntos, pienso yo mientras te veo soñar. Esa melodía sigue dando vueltas en mi cabeza. Eres tan especial para mi, tan imprescindible, no quisiera despertar y ver que no eres tú el que duermes a mi lado. Te acaricio lentamente la mejilla, y tus ojos tardan uno segundos en abrirse. Me sonríes y te acercas a mis labios, tan inesperadamente que noto como tiembla mi mundo cuando estás muy cerca. Con un efímero segundo de tus labios, abro los ojos y me descubro estirada en tu cama, tus ojos llevaban tiempo observándome dormir. Tu mente, mientras, recordaba momentos que aún no hemos vivido. Tu mano acariciaba mi mejilla mientras yo tardaba unos segundos en abrir los ojos. Te sonrío, me acerco a ti y te susurro al oído: ¿Por qué te me adelantas siempre? Me aparto y te sonrío, mientras miro tu rostro perplejamente desconcertado al oír mis palabras. Antes de que puedas siquiera hablar, te beso. Algo que sin duda, ahora hecho de menos.



Para siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario